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En diversos aspectos,
la Odontología es sumamente agradable para muchísimos
de quienes la hemos escogido como modo y medio de vida, pero
no es simple ejercerla por que existen una serie de factores
que a veces complican nuestra actividad profesional.
Para
lograr el éxito y obtener un buen nivel en nuestro
ejercicio, todos hacemos a diario nuestro mayor esfuerzo profesional
y personal, deseando que la atención que brindamos
a todos nuestros pacientes sea siempre de la mejor calidad
posible. Constantemente buscamos el bienestar y la satisfacción
de quienes acuden a nosotros y nos hemos dedicado durante
muchísimos años a estudiar diversas materias,
asistir a Conferencias, Cursos y Congresos. Hemos gastado
muchísimo dinero en nuestra preparación, en
instalar nuestro Consultorio, en comprar libros y revistas
y siempre nos encontramos indagando en nuestras conversaciones
con colegas, acerca de los últimos adelantos, poniendo
siempre nuestro mayor esfuerzo por que no es fácil
obtener información valedera y útil. Después
de todo, los libros y revistas no son baratos y muchas veces
no sabemos cuáles debemos adquirir ni qué debemos
leer, sobre todo cuando recién nos iniciamos y cuántas
veces hemos comprado equipos o instrumental que nos han sido
prácticamente inútiles.
Hemos
utilizado diversos medios para mantenernos al día respecto
a los avances técnicos y muchísimas veces hemos
asistido a actividades científicas sacrificando nuestros
momentos de trabajo y descanso, con un solo objetivo fundamental:
ser siempre mejores. Mientras nuestros amigos estaban descansando
en la playa, nosotros hemos estado estudiando para dar un
servicio profesional de la mejor calidad a quienes han confiado
en nosotros: los pacientes.
En
el ejercicio de la Odontología, desafortunadamente
intervienen diversos factores que estando fuera de nuestro
control y aún predicciones, complican nuestros resultados
terapéuticos y determinan que no podamos alcanzar rutinariamente
el éxito con todas las personas para lograr que todos
queden contentos con nuestro trabajo. La principal razón
es que nosotros hacemos Biología y no Matemáticas.
En
las profesiones como la Medicina, la Odontología y
la Farmacia, no siempre se obtienen los mismos resultados
en todas las personas pues existen factores que modifican
la respuesta orgánica, como ser la reacción
del paciente ante determinadas circunstancias. Esto determina
que la resultante orgánica individual sea muchas veces
inconstante, ya que la "particularidad de la forma de
reacción del organismo", es la única constante
en las profesiones médicas. Otra circunstancia es lo
a veces impredecible de los resultados que obtengamos con
los trabajos que ejecutemos.
No
existe una relación absolutamente precisa entre lo
que esperamos y entre lo que obligatoriamente sucede. No es
una norma, pero en algunas oportunidades el organismo reacciona
de manera inconstante. Conozco una persona a quien un excelente
médico le efectuó una apendicetomía con
un excelente postoperatorio inmediato. A los 5 días
se le presentó al paciente una tromboflebitis en la
pierna izquierda y al hallarse nuevamente internado, hizo
un cuadro de embolia pulmonar de la cual felizmente se recuperó.
Fue un desafortunado accidente post-quirúrgico, imprevisible
y que si bien tuvo relación con la afección,
no fue causada por una mala técnica quirúrgica
ni por descuido profesional. La Medicina y la Odontología
son así. Por eso se dice que no hay enfermedades sino
enfermos ya que no son como las ciencias matemáticas
en las cuales siempre la suma de dos más dos es cuatro.
Cuántas
veces no nos ha sucedido que hemos hecho una extracción
complicadísima y el paciente no presenta ninguna reacción
post-operatoria, mientras en otros hemos hecho una intervención
sumamente simple y el paciente regresó lleno de problemas
?. A veces sucede lo que me acaba de consultar una paciente,
justamente en el momento que me encuentro escribiendo estas
líneas: que su padre había sido atendido por
un dentista quien le inyectó anestesia en el maxilar
inferior para hacer Operatoria, pero que al señor se
le ha presentado un trismus severo y dolor en la zona de la
anestesia. Le he explicado que lo sucedido es un desafortunado
accidente, que haga tal y tal cosa y que si en tantas horas
no tiene el problema resuelto, que consulte con el Dr. Tal
de quien le di el teléfono para que él lo atienda
en el futuro, por que ese tipo de problema será mejor
tratado por él.
En
la percepción final del paciente respecto al éxito
de lo que le hayamos ejecutado, también intervienen
diversos factores: el estado de salud que haya mostrado al
venir al consultorio, pues siempre unas obturaciones simples
quedarán mejor y tendrán resultados mucho más
estables y duraderos que si tenemos que efectuar reconstrucciones
dentarias sumamente extensas, coronas con reconstrucción
con pivots, puentes de metal o de porcelana que abarquen toda
una arcada, etc. También influye en el concepto de
satisfacción final del paciente, su grado de comprensión
respecto a las posibilidades de éxito que se obtendrán
en su caso particular y no por que nosotros no se lo hayamos
explicado antes de iniciar cualquier acción de terapia.
Sucede que muchísimas personas creen o suponen que
somos omnipotentes y omnisapientes y que para tener siempre
la boca bien, basta ir al dentista cada 5 años, pagar
los honorarios y no darle ningún tipo de mantenimiento
a las piezas tratadas o las que permanecen en buenas condiciones.
Los elementos de la cavidad bucal al igual que cualquier motor,
necesitan mantenimiento constante. Si uno adquiere un automóvil
y no se preocupa nunca ni siquiera de cambiarle el aceite
del motor, es fácil prever lo que le sucederá
en el transcurso de determinado tiempo, muchas veces corto.
Es
igualmente un factor muy importante en el ejercicio de cualquier
profesión médica, las actitudes del paciente
frente a lo que el profesional le ejecuta. Recuerdo un caso
de una persona a quien un colega le instaló un lindo
puente de porcelana de 4 piezas. El paciente llegó
a su casa muy contento y lo primero que hizo (para ver el
grado de resistencia de la porcelana), fue masticar una pepita
del pop-corn, de esas que no han reventado y que son durísimas
y la porcelana lógicamente se hizo trizas. Le pregunto:
Quién falló o estuvo mal: el profesional, la
porcelana o el paciente?
Cuando
inicio un tratamiento de Ortodoncia, hago que los padres y
el niño firmen unas hojas en la que les explico una
serie de aspectos básicos muy importantes respecto
al trabajo profesional que vamos a ejecutar. Es un compromiso
de asistencia regular y de cuidados específicos a cumplir
por el paciente durante el tiempo de trabajo previsto. Recuerdo
haber atendido a una niña quien presentaba una mordida
abierta bastante severa, con cierto compromiso esqueletal,
cuya madre era muy simpática pero muy descuidada con
sus citas. Me trajo regularmente a la hija para sus controles
durante los primeros meses, tiempo en el que alcanzamos muchos
progresos. Después la madre empezó a faltar
a las citas y muchas veces tuve que llamar al papá,
expresándole que la hija no venía a sus controles.
En este ritmo de inasistencias de la pacienta a sus citas,
estuvo tal vez durante 1 año más y un buen día
me dijo la madre que iba a llevar a su hija a otro profesional
por que no veía progresos, que sí los había
habido. Sin comentarios.
También
estaremos incómodos con aquel otro paciente que debía
traer una cantidad determinada de dinero en una cita o en
aquella en la que le dijimos claramente que sería la
última, pero que se " olvidó " de
traer lo que debía. Es preferible ser siempre muy prudente
( por expresar el concepto de alguna manera) y no avanzar
más a prisa que el bolsillo del paciente, pues podemos
tener problemas. Con aquellas personas que dicen tranquilamente
que ellas acostumbran a pagar al final, cuando se les termine,
que su recepcionista o Ud. mismo (por qué no), les
diga que respetamos su sistema de pago pero que en este consultorio,
trabajamos de una manera diferente.
El
laboratorista le puede llegar a complicar muchísimo
la vida a un dentista. “Doctor, el técnico no
ha venido a trabajar y por eso su trabajo recién va
a estar la próxima semana", puede ser una respuesta
que escuchemos con cierta frecuencia. Cuando Ud. ha puesto
todo su empeño en obtener una impresión y el
trabajo no queda bien adaptado, la respuesta natural del técnico
puede llegar a ser tan simple como ésta: " Doctor.
La impresión no estaba bien tomada”. Frases comunes,
verdad ?. Quien deberá dar la cara es el dentista por
que al paciente poco es lo que le importa que se echó
a perder por culpa de quien sea, la impresión que obtuvieron
de su boca durante tanto tiempo y por qué no decirlo,
con tanto fastidio para él.
También
es importante resaltar que nunca se debe expresar que un trabajo
va " a quedar perfecto ", pues la perfección
es sumamente difícil de alcanzar y menos en Odontología,
ya que nuestro trabajo consiste fundamentalmente en rehabilitar
estructuras cambiantes, que se ubican en un sistema funcional
muy dinámico en el que las fuerzas de la masticación
son muy potentes y frecuentes. Soy un convencido que lo perfecto
es enemigo de lo bueno, por lo que me permito aconsejar que
siempre se exprese que se va a hacer todo lo posible para
lograr los mejores resultados que dadas las circunstancias
del paciente, se pueda lograr.
Cuántos
de nosotros hemos visto destruirse amalgamas muy bien trabajadas,
pero que las fuerzas de un bruxismo o la intensa capacidad
cariogenética del paciente han hecho fracasar. Qué
puede hacer un periodoncista que rehabilita clínica
o quirúrgicamente un sistema parodontal, en un paciente
que no higieniza adecuadamente su boca, conforme el especialista
le indicó con precisión ?.
Otra
característica de nuestra profesión, es que
los dentistas nos convertimos en perfeccionistas y realmente
nos molesta que las cosas no queden al cien por ciento, conforme
deseamos. Muchas veces el paciente no percibe los pequeños
defectos de algún trabajo, pero nosotros sí
somos conocedores que las cosas no están como debieran.
Este perfeccionismo nos tensa emocionalmente, pues muchas
veces las fallas o errores no dependen de nosotros. A aquel
paciente con el que tuvimos tanto cuidado en aislarle el campo
operatorio para hacerle una resina y al que le dijimos claramente:
" No pases saliva y no hables" y en medio del grabado
o cuando estamos con la luz halógena, muy contento
nos pregunta " Fuiste al club el fin de semana? ",
mojando toda la superficie de trabajo.
Todo
esto podría aceptarse como parte de la actividad profesional
y si bien cuando nos sucede nos fastidia, podría llegarse
a considerar como inevitable, pero existe otro factor que
es bastante más mortificante y es el que me referiré
a continuación y que no podemos negar que a veces sucede.
Algunas
veces la crítica destructiva aflora con demasiada facilidad
y desacredita injustamente a quien trató de hacer las
cosas de la mejor manera posible, inclusive a quien cumplió
estrictamente con los procedimientos operatorios correctos,
pues a veces esta crítica es gratuita e infundada.
No se trata que estemos promoviendo una actitud de encubrir
errores ajenos, por que lo que podemos estar observando puede
no ser un error profesional sino un fracaso debido en un alto
porcentaje a la irresponsabilidad del paciente. Cuando uno
detecta una equivocación ajena, es de caballeros ser
elegantes y sobre todo, comprensivos del entorno que envolvió
las circunstancias que produjeron un resultado no excelente,
fruto del trabajo esmerado de otro profesional. Después
de todo, hablando mal jamás se queda bien, pero los
comentarios negativos a veces afloran con demasiada facilidad
en algunos colegas. Quiero pensar que en pocos, pero que los
hay, los hay.
Cuántos
de nosotros no hemos tenido pacientes a los que le hemos recomendado
hacer 10 obturaciones pero que nos manifiestan que por razones
económicas u otras, solamente le ejecutemos 2 o 3.
Cuando ese paciente acude a otro dentista (3, 6 o 10 meses
más tarde), el otro profesional no tendrá verdadera
razón en expresarle a ese paciente que cómo
es posible que el anterior dentista no le haya detectado esas
caries que ya son muy extensas. Muchas veces hemos visto que
los pacientes ponen cara de no saber de qué le están
hablando y fácilmente le echan la culpa a quien nos
antecedió. Las cosas son así de simples. El
paciente no tendrá la franqueza de expresar que no
se hizo las obturaciones restantes por que no tuvo dinero
o simplemente por que no continuó asistiendo a curarse.
Cuando recibo a alguien que me hace comentarios desfavorables
de su anterior dentista, realmente prefiero encontrar el modo
de no atenderlo, ya que nada me asegura que en el futuro no
sea yo a quien acuse la persona de sus problemas. Presentarle
honorarios sumamente altos es un buen modo para que no regrese
a atenderse. Si lo hace, por lo menos trabajaremos más
contentos.
También
recuerdo haber estado asistiendo en una época, felizmente
bastante corta, a unas reuniones con un grupo de profesionales
que hacían determinada especialidad. Uno de ellos en
particular, se regodeaba llevando modelos de pacientes cuyos
dentistas habían errado con sus tratamientos. Eran
penosos los comentarios que hacía y lo que algunos
otros decían, en el deseo de rodearse de una aureola
de perfeccionismo y sobre-capacidad exquisita, que realmente
rayaba en el ridículo. Así no se hace profesión
ni se merece el respeto ajeno. Aparte, de que no conozco a
nadie que sea absolutamente infalible, pues como reza el refrán
" solamente no se equivocan Dios y los tontos. Dios por
que es Dios y los tontos por que creen que nunca se equivocan”.
Lo
importante siempre será que nosotros pongamos nuestro
mayor esfuerzo por hacer las cosas de la mejor manera, para
obtener los mejores resultados, pero eso sí, respetémonos
siempre pues todos bebemos de la misma fuente. La Ética
no es solo referida a lo que los demás hacen, sino
que es un parámetro que sirve también para medirnos
a nosotros mismos.
Ética
proviene del griego " ethos " que significa "
costumbre " y Moral proviene del latín “Mos-moris"
que también significa "costumbre". Respetemos
nuestras costumbres y si es necesario modifiquémoslas,
pues todos tenemos a la Odontología como actividad
cotidiana. Hagamos un mundo más agradable para todos
nosotros, ya que los pacientes son los engranajes de una rueda
que se denomina “clientela” y que va de consultorio
en consultorio. Pocas serán las personas que nos serán
siempre fieles como pacientes, ya que todos tienen el derecho
de cambiar de profesional como se cambia de proveedor o abastecedor.
Lo
mismo sucede con nuestra práctica profesional. Si trabajamos
con empeño, obtendremos trabajos esmerados. Todos somos
buenos profesionales, lo que pasa es que no somos excelentes
en todas las especialidades. Generalmente nos resaltarán
los resultados de aquellos trabajos que no nos fueron muy
felices, pero son muchísimos los que podemos mostrar
con orgullo.
Sepamos
aprender de nuestros propios errores, pero no seamos como
aquel profesional que las pocas veces que ha expuesto en los
Congresos ha sido para presentar casuística en la que
otros dentistas pueden haber errado. El presenta resultados
estáticos (diapositivas), pero nunca habla del entorno
que va acompañando a todo tratamiento.
Fuente:
Trabajo publicado en la Revista " VISION ODONTOLOGICA
" de la Asociación de Estudios e Investigación
Odontológica de Bolivia.
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