Éste me parece un muy buen título para un artículo editorial inteligente que nos invita a tener un punto de vista diferente y una valida opinión, que se contrapone a la corriente actual, que nos arrastra y en ocasiones obstruye la visión objetiva de toda la investigación. El texto invita a replantar el problema, ajeno de lo que es la moda, que fácilmente nos atrapa y nos hace perder objetividad. Vemos el bosque pero no vemos el árbol. Parafraseando a Albert Einstein “El hombre es experto en medios e ignorante en fines”.
En un artículo publicado por Ensrom en 1964, se delinea la presencia de enterococos en la cavidad oral con especial énfasis en el sistema del conducto radicular. Él informó que no era inusual encontrar enterococos en los conductos radiculares previamente obturados, aun cuando no estaba diagnosticada una lesión periapical. También mostró que no había una asociación entre los hallazgos de enterococos en los especimenes de conductos radiculares y su presencia en otras áreas de la cavidad oral como espacios interproximales o las anginas.
Desde entonces, hubo muy poco interés por los enterococos, hasta 24 años más tarde, cuando aparecieron dos reportes seguidos relacionados con la significativa presencia de enterococos en los conductos radiculares de dientes en fracaso del tratamiento edodóntico, casi totalmente enfocada a los enterococos y se ha publicado con una frecuencia que excede al número de aportaciones sobre “estudios de filtración”. Este frenesí debería ser considerado. En cierto grado, estos reportes sobre enterococos en endodoncia han tenido un efecto intelectual en la odontología, similar a los cambios experimentados en la mitad de los años sesenta, encabezados por el bien conocido “Cultivos o no cultivos?”. Esto resulto en una “caminata en el desierto” para la odontología clínica hasta que la importancia de los microorganismos en el desarrollo de enfermedad periapical fue reestablecido en 1976.
Después de varios estudios de casos endodónticos refractarios utilizando las técnicas clásicas de cultivo, las técnicas moleculares fueron aplicadas en 2001 por Radolph y colaboradores. Aunque este estudio no fue exitoso en identificar enterococos en casos endodónticos refractarios, numerosos reportes utilizando técnicas moleculares en años recientes han encontrado una alta presencia de enterococos radiculares de dientes con fracaso del tratamiento de endodoncia.
Los enterococos son muy resistentes a los regímenes antimicrobianos aplicados en los tejidos vivos. Por tanto, mucho esfuerzo de la investigación ha sido dirigido hacia el área de antisepsia, frecuentemente ignorando químicas y de tolerancia tisular.
Además de la pura observación de los enterococos asociados con caso de tratamientos endodónticos fracasados, no hay evidencia clara de que los enterococos son los únicos total o parcialmente responsables, de resultado en el fracaso del tratamiento.
Los hallazgos de los enterococos en los sistemas de conductos radiculares están relacionados de cerca con la presencia parodontal y bucal de la bacteria.
Un diente con obturación del conducto y restaurando ofrece una riqueza de oportunidades para que las bacterias paradontales contaminen por lo menos la porción coronal del conducto radicular y el área de la cámara pulpar, ya que ninguna restauración conocida provee un sellado hidráulico permanente. Es sabido que esta área del diente difícil desinfectar en preparación para la toma de cultivo bacteriológico convencional. No o es conocido método altamente eficiente para eliminar remanentes del ácido desoxirribonucleico (ADN) de esa área aunque hay métodos de desinfección convencional que matan bacterias. En el presente, fuertes soluciones de NaOCl parecen ser los métodos más promisorios, pero rara vez se aplican.